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¿Qué oposición estudiar?

Acaba de salir la Oferta de Empleo Público para 2021. Así que, el momento es ahora.

Si quieres estudiar oposiciones, pero aún no sabes cuál, tómate tiempo para analizar estos 5 puntos clave.

1. Titulación requerida

Cada uno de los cuerpos de funcionarios exigen un tipo de titulación en la fase de oposición. Lo deberás tener en cuenta. Los subgrupos que hay son A1, A2, C1 y C2. Puedes ver todas las plazas que han salido para 2020 aquí.

  • A1: Se requiere Grado Universitario o Licenciatura acorde al puesto
  • A2: Grado Universitario o Diplomatura Universitaria.
  • C1: Bachiller o Técnico FP
  • C2: Graduado en ESO o graduado escolar.

2. Ratio N.º candidatos/ N.º de plazas

No te dejes llevar únicamente por el número de plazas al elegir qué oposición estudiar. Lo importante es cuánta gente se presenta a esas plazas, a eso le llamamos la ratio.

Es muy probable que, para oposiciones que convocan 400 plazas, se presenten 15.000 candidatos. Así que, no te dejes llevar únicamente por el número de plazas. Es algo importante, pero debes poner el dato en un contexto más amplio.

Puedes obtener un dato aproximado teniendo en cuenta las cifras de la convocatoria anterior. 

3. Tiempo disponible para estudiar la oposición

Una oposición requiere un número de horas de estudio. Bien de forma intensiva, si es lo único que vas a hacer, o de forma parcial si lo compaginas con trabajo u otras responsabilidades. En cualquier caso, si dispones de muy poco tiempo, debes plantearte si quizás no sea un buen momento para empezar a estudiar oposiciones.

Te recomiendo contar con, al menos, 10 horas semanales para poder estudiar. Ten en cuenta que, cuanto más alto es el nivel de la oposición, mayor es el número de temas y de exámenes a superar.

4. ¿Opositar por vocación o por calidad de vida?

Ambos motivos son suficientes en sí mismos para lanzarte a estudiar una oposición. Lo importante es tener una motivación fuerte que te empuje en los momentos difíciles.

Valora en tu caso, si sería posible acceder a tu trabajo ideal o a las condiciones laborales deseadas en el mercado privado. Si la respuesta es NO, ya tienes otro motivo más para estudiar oposiciones. 

5. Acumula cuanta más información mejor antes de decidirte

No te dejes llevar únicamente por los 5 primeros anuncios que salgan en Google de academias al buscar información sobre la oposición que quieres estudiar. Busca información directa de otros opositores.

Hay muchas personas con cuentas en Instagram y otras redes sociales que comparten de forma gratuita su experiencia sobre oposiciones. Te dejo dos de mis favoritas: Paula Mateos, Úrsula Campos y OpoCampus, la mía donde he ido compartiendo muchos trucos y consejos.

Opositar no es estudiar           

Opositar es mucho más.

Es estudiar cómo deberíamos haber estudiado antes, pero nadie nos enseñó.

Porque es estudiar para aprender un oficio. Para saber hacer, pero también para saber ser.

Ser funcionario conlleva una doble responsabilidad: la de tu profesión y la de ser un empleado público. Ya no trabajas para ti, sino para los demás.

Desde luego tus condiciones laborales van a ser inmejorables y, aunque algún jefe tonto te caerá, tú puedes manejar la máquina. Serás independiente y libre para luchar porque todo se ajuste a la ley y mejore cada día.

Te recuerdo el artículo 52 del TREBEP ( (que amo): “Los empleados públicos deberán actuar con arreglo a los siguientes principios: objetividad, integridad, neutralidad, responsabilidad, imparcialidad, confidencialidad, dedicación al servicio público, transparencia, ejemplaridad, austeridad, accesibilidad, eficacia, honradez, promoción del entorno cultural y medioambiental, y respeto a la igualdad entre mujeres y hombres”.

¿Cómo va a ser igual este trabajo que otros? Si nos pagan por velar por la integridad, la responsabilidad o la igualdad.

¿Cómo no va a costar llegar hasta aquí? si la responsabilidad es tan grande.

Claro que opositar no es sólo estudiar.

Es convertirte en esa persona cuya “conducta se basará en el respeto de los derechos fundamentales y libertades públicas, evitando toda actuación que pueda producir discriminación”, como recoge el artículo 53, apartado 3 del TREBEP.

Por eso no vale estudiar sólo para el examen. Estudias para ti y para los demás. Porque ellos esperan que sepamos lo que hacemos, confiarán en ti. Y no podemos defraudarlos.

Estudia para aprender, para poder ser lo que se espera que seas. Y cuando lo seas, apunta con el dedo a todo el que no actúe así. Porque esos funcionarios no nos representan.

Elegir la oposición correcta

Opositar a lo que te apasiona es un incentivo de motivación durante las largas horas de estudio. Pero claro, a la inversa sucede lo mismo, opositar a algo de lo que no estás convencida al 100%, influye de forma negativa en la ilusión y el rendimiento.

Pero es que además, una vez sacas la plaza que tanto te ha costado, puedes encontrarte con otros inconvenientes propios de trabajar para la Administración Pública (sobre todo si opositaste a una plaza que no te convencía demasiado). 

Léase: salir de tu ciudad muchos años (con todo lo que ello conlleva), no poder promocionar profesionalmente en el tiempo que esperabas, entrar en un entorno rígido con reglas claras, someterte a una jerarquía de mando, rodearte de compañeros poco motivados, trabajar para ciudadanos poco educados y un largo etcétera de inconvenientes que te generarán, en mayor o menor medida, bastante malestar.

Al fin y al cabo vas a formar parte de un entorno que podría no ser para ti.

La pregunta que puedes hacerte es: “¿Merece la pena sacarme una oposición que realmente no me convence del todo?”. Es una decisión personal, que depende de las circunstancias de cada persona.

A día de hoy, sé que hay muchas más opciones además de la de ser funcionario y que lo importante, es dedicarte a lo que te gusta, porque cuando haces lo que te apasiona, sólo te puede ir bien.

Para tomar una buena decisión te propongo dar algunos pasos previos:

Paso 1: Pregunta a personas que ya han aprobado esa oposición, cómo es un día en su trabajo. Esto te permitirá tener una información más precisa de sus funciones reales.

No me refiero a información respecto a lo que vas a ganar o las vacaciones que vas a tener, sino al día a día de ese puesto de trabajo (si son experiencias de personas en las que confías, amigos o familiares, mejor).

Paso 2: Una vez que tienes toda esa información de primera mano, debes ser sincera contigo misma, visualízate realizando ese trabajo, ¿te ves?. Si algo te chirría, puede ser que el puesto no sea el adecuado para ti.

Paso 3: Infórmate bien de todos los detalles de ese cuerpo, posibilidades de promocionar reales (si tu idea es la promoción interna, ojo, porque hay mucha desinformación), años estimados en poder regresar a tu ciudad, salario, funciones, ambiente laboral, conflictividad en ese entorno, etc.

Paso 4: Déjate llevar por tu intuición. Primero usa tu cerebro, razona tus argumentos lógicos y después confía en tu intuición.

En ocasiones las presiones externas, hacen que perdamos nuestra autenticidad y que busquemos seguridad, estabilidad y un estilo de vida que no es lo que realmente queremos.

No me gustaría que, después de todo este esfuerzo, te convirtieras en uno de esos funcionarios amargados que todos nos hemos encontrado en algún momento en la Oficina del Inem, el Ayuntamiento o el Centro de Salud.

Ahora bien, lo que sí te aseguro, es, que si te estás preparando para lo que te apasiona, estás en el camino correcto.

¿Qué oposición estudio?   

Aunque mucha gente tiene muy clara cuál es su vocación y qué oposición es la que quieren preparar para acceder al puesto de trabajo ideal, otras muchas personas, simplemente quieren tener unas condiciones laborales que le permitan llevar un estilo de vida determinado: 

Jornadas de 7.5 horas, fines de semana y festivos libres, sueldo digno, posibilidad de promoción, de permisos, excedencias, estabilidad laboral y otras muchas ventajas que sólo un empleo público te asegura.

Esta publicación va dirigida a ese segundo grupo de opositores indecisos (ya que el primer grupo de “opositores vocacionales” tiene claro qué oposición estudiar).

Lo primero a valorar es: ¿Qué titulación tienes y a qué oposiciones puedes acceder en base a ella?

Hay más opciones de las que crees, incluso alguna que jamás te habías planteado, como observadores de meteorología del Estado, oficiales de arsenal de la Armada o auxiliar de archivos, bibliotecas y museos. Pero creo que es interesante, ya que no sientes especial vocación por ninguna, que elijas de entre el total de opciones.

Te recomiendo revisar la última Oferta de Empleo Público e informarte sobre todas las plazas que serán convocadas en los próximos meses según los diferentes grupos: A1, A2, C1 y C2 para Grado, Bachiller o ESO.

Para elegir, considero relevante no guiarse únicamente por el número de plazas, sino tener en cuenta la ratio, es decir, la proporción de número de opositores que se presentan por cada plaza.

En ocasiones puedes ver que salen 900 plazas para algún cuerpo, pero se presentan más de 15.000 personas.

La ratio en ese caso es de 1 plaza por cada 17 opositores. Y otros cuerpos sacan 30 plazas pero se presentan 350 personas, por lo que la ratio es de 1/12.

Haz esa cuenta para no dejarte llevar por esa primera impresión que te puede hacer pensar que es más fácil porque salen más plazas y lo cierto es, que no es exactamente así.

Además, piensa en la cara B de tener un trabajo estable toda la vida: si no te gusta, se te pueden hacer muy largos los años hasta la jubilación. Y no tendría sentido, después del esfuerzo que supone opositar, que luego no te guste o no te veas en ese ámbito laboral.

Te recomiendo que te informes bien de las funciones que, si tienes oportunidad, vayas a ver cómo es ese trabajo, preguntes a funcionarios que ya están dentro, consulta con sinceridad qué es lo peor de ese trabajo y tomes una decisión con una base firme de motivos.

Considero, que muchos de esos funcionarios y funcionarias que existen y dan mala imagen a la Administración Pública por su dejadez, mal hacer o falta de eficiencia en sus puestos, es porque eligieron mal su trabajo.

Eligieron algo que no les gusta. Y no me gustaría que te convirtieras en uno de ellos.

A día de hoy, no hay oposición fácil. Si no lo tienes claro, te recomiendo que te informes muy bien antes de elegir. Si tienes una vocación, síguela sin pensar si son muchas o pocas plazas porque eso es relativo siempre.

Y si lo tuyo no es vocacional, no te dejes llevar por lo aparentemente fácil, porque puede ser que no lo sea tanto.   

Recuerda: estás formándote para tu próximo trabajo

Quiero plantear diferentes formas de enfocar los largos días de estudio: puedes vivirlos como una tortura china, repitiéndote una y mil veces qué tienen que ver esas leyes contigo y sentir que son algo ajeno a ti.

O, por el contrario, puedes aceptar que debes formarte para ese puesto de trabajo que quieres desempeñar, que entraña bastante responsabilidad y del que, a día de hoy, no sabes nada.

Cuando estudiaba y tenía algún día que se me hacía cuesta arriba, intentaba pensar que no estudiaba sólo para aprobar, lo hacía también con el fin de prepararme para ese trabajo con el que soñaba.

Quería formar parte de una Administración de la que no sabía nada, tendría que desarrollar un puesto de elevada responsabilidad que no había desempeñado nunca y manejarme en un marco legislativo que desconocía por completo.

Por lo tanto, tiene lógica pensar, que ese puesto no llegaría únicamente como fruto de mi deseo, del azar o de la suerte, sino que tenía que ser consecuencia de un proceso. Un proceso de formación, tanto técnica y legislativa, como de superación personal.

Y así creo que es. En aquel momento me gustaba pensar que, cuando dominara toda la materia, ese puesto sería inevitablemente para mí.

Si quieres formar parte de la Administración Pública debes conocer en profundidad el marco legislativo que la sostiene, porque tú serás representante de esas leyes. De hecho, al convertirte en funcionario, tú serás garante de la ley.

Si no la manejas con soltura, aún te falta preparación para desempeñar ese puesto y lo justo sería que otras personas más preparadas lo consiguieran.

Así que, te propongo que amplíes el punto de vista y te reconcilies con las partes “más feas” del temario.

Cuando empecé a trabajar como funcionaria, justo después de aprobar, me di cuenta de la confianza y seguridad que me daba dominar y manejar tanta información técnica y legislativa.

Recuerda: el tiempo que dedicas a estudiar  es un complejo proceso de formación y aprendizaje,  necesario para desempeñar con eficacia el trabajo que sueñas.

Piensa que hacer un máster, también es un proceso de formación, que requiere al menos 2 años y te coloca de nuevo en la cola del paro o en condiciones laborales bastante peores. Así que, proporcionalmente, compensa.   

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